Evasión, inquietud, añoranza, miedo, alegría, tristeza, impotencia, rabia.. y un tiempo que no perdona.

jueves, 21 de abril de 2011

Madrugadas

Ha sido un día agotador. Yace dormida sobre la almohada mientras su mente viaja deambulando hacia ese lugar donde perfila los retales de esa historia, imaginaria de sus sueños. 2 de la madrugada. Suena el teléfono. Una llamada perdida. Su mano busca el celular. Es él. Lo llama.

-¿Qué quieres?
-¿Sigues teniendo ganas de hablar?
-Si.
-Cuando quieras.
-Dime un sitio y una hora.
-Te llamo cuando acabe.
-Esta bien.
-Adiós.
-Adiós.

Da un salto de la cama. Lleva días esperando esa llamada. Está nerviosa, y no sabe lo que le va a decir. Su cabreo crece, lo odia, pero a medida que crece su odio sus ganas de tenerlo cerca se multiplican.
Llaman a la puerta. Aguarda unos segundo antes de aproximarse a ella.

-¿Quien es?
-Yo.

No se puede creer que este allí, que haya ido. Intenta mantener la compostura y su enfado. Comienzan a hablar, a enlazar una serie de preguntas que acaban en reproches y gritos. Pero no pueden, no pueden luchar contra eso. Se abrazan. Sus cuerpos caen ligeros sobre la cama. Ella intenta escapar, pero le es imposible.

Un beso, otro,  y luego otro. Son el camino que hay en medio, entre el hecho y el deseo. Se miran, y no hace falta más. A un lado un móvil, el de él, y una foto de su novia de fondo de pantallas. Pero no le importa, quiere arriesgar.

Aquella noche llegó a dos conclusiones: la primera, que un camino peligroso lo es todavía mas en la oscuridad; la segunda, que estaba irremediable y desesperádamente perdida.

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